

Mercier, transforma la vida de diez cascos de los jugadores de béisbol, puestos bajo vitrinas como si de máscaras africanas expuestas en museos se tratara.
El papel puramente funcional de esta protección facial para deportistas, se transforma aquí en una obra de arte muy interesante.
Con una cuidada puesta en escena diseñada para ampliar el poder de fascinación,estos objetos descontextualizados, ayudadados por la falta de título, ofrecen al espectador múltiples pistas sobre el trabajo final y su análisis.
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