16 de mayo de 2013

Yona Friedman en Elba Benitez y MUAC


Yona Friedman es uno de los arquitectos y urbanistas más visionarios de la segunda mitad del siglo XX, sus ideas han inspirado a urbanistas, arquitectos, diseñadores y sociólogos por décadas. Su práctica se constituye a partir de textos teóricos, conferencias, películas de animación, comics y modelos urbanísticos que fungen como materiales de referencia para pensar el espacio. Arquitectura sin construcción continúa la premisa que subyace en todo su trabajo: invitar al individuo a pensar y actuar por sí mismo en cada una de las situaciones de la vida cívica, incluyendo el diseño de los espacios en donde se desarrolla. Propone a la arquitectura y al urbanismo como marcos para la vida y creatividad humana que siempre deben de estar supeditados a las necesidades del individuo o sociedad y no al contrario.
En el caso del museo cuestiona el protagonismo del edificio que en ocasiones se impone y compite con las exposiciones. Plantea al museo como un ensamblaje flexible de soportes para exposiciones cuyo contenedor no tiene necesariamente que ser un edificio. Dando prioridad al contenido sobre el contenedor, Friedman propone una serie de módulos tridimensionales conformados por aros de aluminio que funcionan como una estructura espacial en el que las obras de arte se pueden mostrar y que ha nombrado “Iconostasios” (término tomado de las pantallas de las iglesias orientales que soportan las imágenes de los santos). Sus características arquitectónicas no son permanentes, pueden ser utilizados de varias maneras para diversos fines así como ser eliminados, alterados o renovados en cualquier momento. Friedman apuesta por el uso de tecnologías simples y económicas con materiales locales que conserven atributos de movilidad, sustentabilidad y versatilidad. Su estrategia es presentar soluciones formales aparentemente sencillas y accesibles al público pero que comunican postulados complejos y provocadores.
 En el caso del museo cuestiona el protagonismo del edificio que en ocasiones se impone y compite con las exposiciones. Plantea al museo como un ensamblaje flexible de soportes para exposiciones cuyo contenedor no tiene necesariamente que ser un edificio. Dando prioridad al contenido sobre el contenedor, Friedman propone una serie de módulos tridimensionales conformados por aros de aluminio que funcionan como una estructura espacial en el que las obras de arte se pueden mostrar y que ha nombrado “Iconostasios” (término tomado de las pantallas de las iglesias orientales que soportan las imágenes de los santos). Sus características arquitectónicas no son permanentes, pueden ser utilizados de varias maneras para diversos fines así como ser eliminados, alterados o renovados en cualquier momento. Friedman apuesta por el uso de tecnologías simples y económicas con materiales locales que conserven atributos de movilidad, sustentabilidad y versatilidad. Su estrategia es presentar soluciones formales aparentemente sencillas y accesibles al público pero que comunican postulados complejos y provocadores.


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