26 de diciembre de 2012

Adel Abdessemed / Centre Pompidou

ENTREVISTA REALIZADA POR PHILIPPE-ALAIN MICHAUD, CONSERVADOR DEL MUSÉE NATIONAL D'ART MODERNE, COMISARIO DE LA EXPOSICIÓN
Desde su aparición en la escena artística, en torno a 2000, la obra de Adel Abdessemed se nutre del desastre de la historia contemporánea. El artista utiliza el lenguaje del arte para apropiarse de la potencia de la violencia y la destrucción: los aviones trenzados de Telle mère tel fils (De tal madre, tal hija; 2008) o la carlinga plegada de Bourek (2005) recuerdan el traumatismo del 11 de septiembre de 2001, que inauguraba el siglo; las carcasas de coches moldeados y cocidos en el horno de Practice ZERO TOLERANCE (Práctica ZERO TOLERANCE, 2006), son los vestigios de las revueltas urbanas que agitaron los suburbios de Francia en la primavera de 2005; las filas de alambre de espino jalonadas de dobles hojas cortantes y de puntas afiladas de Wall drawing (2006) remiten a la lógica del encarcelamiento (el campo de Guantánamo) y a las divisiones territoriales... Instalaciones, performances, dibujos, esculturas, vídeos, fotografías... sea cual sea el medio que emplea, Adel Abdessemed capta en sus piezas el rumor de la historia para ponerla en imágenes.
Abdessemed recoge los signos de violencia que atraviesan el mundo para transformarlos en sintagmas cósmicos, construyendo un relato mitológico profano y compuesto, hecho de infinidad de correspondencias, que narra el interminable nacimiento del orden y la armonía a partir del caos. Fusiones, desplazamientos, fragmentaciones, disposición radial de motivos, imágenes y temas dispares: la ambivalencia y la ambigüedad del mundo encuentran traducción en el estallido de la obra, en efectos de montaje extáticos y violentos. De este trabajo de deconstrucción rítmica, formal o cromático, nace una fragmentación de imágenes y conceptos que remite a la generalización de intercambios entre culturas y mercancías, a la instauración de territorios sin centro ni fronteras, que obedece a jerarquías flexibles, hechos de innumerables unidades, con configuraciones parciales y cambiantes.
Sin embargo, si bien Abdessemed se nutre del material histórico, utiliza el ornamento como el instrumento de su transfiguración o su estilización: los aviones de Telle mère telle fils se transforman en lazos, la carlinga de Bourek se enrolla en sí misma en volutas; los alambres de espino de Wall drawing mutan en círculos perfectos ajustados conforme a la talla del cuerpo humano... La obra de Abdessemed de despliega a la manera de un ornamento, dibujando trayectorias cuyo sentido y orientación solo se revelan en un sistema de repeticiones, de variaciones e inflexiones simétricas o asimétricas. Sus obras están atravesadas por un sistema de referencias complejas que escapa a la estricta contemporaneidad: referencias al minimalismo con los Wall drawings de Sol LeWitt, o de forma más lejana, a Géricault, al pesimismo trágico y burlesco de Goya o a Mathias Grünewald, en el cual se inspira Abdessemed muy explícitamente en los cuatro Christ de décor (Cristo de decorado).
Por último, las piezas de Adel Abdessemed tienen el impulso de un poder onírico. De la misma manera que, en la teoría freudiana, el día anterior proporciona al que duerme el material de sus sueños —lo que Freud llamó «el día del sueño»—, la actualidad proporciona a Abdessemed el material de sus piezas, que será después sometido a un trabajo de transformación.
¿Por qué se llama la exposición «Adel Abdessemed. Soy inocente»?
Adel Abdessemed – Porque no me siento culpable. Y estoy seguro de ello. Por otro lado, el Centre Pompidou se construyó sobre el cementerio de los inocentes... (Cimetière des Innocents)
¿Concibes la exposición como una prolongación de la obra? ¿Constituye por sí misma una propuesta artística? 
AA – No es la prolongación de mis obras, sino más bien una propuesta artística nueva, autónoma y múltiple. Soy un artista del cuerpo, en el sentido que Deleuze da a la palabra cuerpo: no un cuerpo inerte sino un cuerpo lleno, abierto, liberado de la parálisis, sin lazos de subordinación o jerarquización entre los órganos. El cuerpo no está hecho de una sola pieza, se trata de un ordenamiento rizómico que cambia de naturaleza en función de nuevas conexiones. La exposición es un gesto, un acto, con una articulación que no destruye la autonomía de las obras. Construye relaciones polisémicas entre estas, incluso cuando las afirma de manera más bien discreta... La exposición pretende mostrar la complejidad del mundo, su multilinearidad; revelar sus zonas de luz y sombra. Con rincones secretos y rincones perdidos. Con presencias y espacios vacíos que son al mismo tiempo espacios de libertad. Aunque yo haya creado un entorno con objetos que pueden ser mis obras, yo nunca seré el demiurgo de este mundo, seré solo su primer habitante, o el último, si se quiere...
Para ti, la exposición no debe contar una historia, no debe transformarse en relato... 
AA – Yo me veo como un constructor, un albañil, más que un narrador. Un albañil inocente... Como decía Khalil Gibran, en El profeta: «La piedra angular del templo no es más alta que la piedra más baja de sus cimientos».
¿Se trata de una retrospectiva o de una propuesta inédita? ¿Cuáles son piezas antiguas y cuáles obras nuevas en la exposición?
AA – Siendo cínico, diría que soy demasiado joven para una retrospectiva. Mi época es el presente y el futuro, no el pasado. Te pondré el ejemplo de una historia que siempre me ha fascinado: la del arca de Noé. Me costaba creer que Noé hubiera hecho realmente subir a todos los animales a un solo barco... Pues verás, ¡no se pueden meter todas las obras en el mismo espacio! Y la buena noticia es que no tengo piezas antiguas. Lo inédito, aún no lo vemos... Lo inédito está por hacer... Creo...

vía >:   http://www.centrepompidou.fr

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